La Oscura verdad de la SAL. Perseguido y clave para la vida
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Sal y cloruro sódico: no son lo mismo
La sal debe definirse como lo que realmente es: el resultado de únicamente evaporar agua de mar. Nada más. De ahí su riqueza mineral, su complejidad y sus propiedades.
Sin embargo, hay un problema de base: personal médico— incluso expertos — utilizan la palabra "sal" sin distinguir entre la sal marina y el cloruro sódico puro (NaCl), también conocido como sal de mesa o sal común. Y no son lo mismo.
La sal marina es agua de mar evaporada. Contiene magnesio, zinc, selenio y decenas de oligoelementos en proporciones que el cuerpo reconoce y es biodisponible. El cloruro sódico puro, en cambio, es un compuesto químico aislado, sin nada más.
Llamar "sal" a ambas cosas no es solo impreciso; tiene consecuencias: los efectos negativos del consumo excesivo de NaCl puro se terminan atribuyendo a la sal marina, que es un producto completamente diferente.
La próxima vez que escuches o leas una recomendación sobre "la sal", preguntáte: sino distingue entre NaCl y sal marina: ¿cuánto conocimiento real puede tener sobre el tema?
Composición
El agua de mar tiene exactamente la misma composición que nuestro plasma sanguíneo, y todos los beneficios atribuidos a ella son ampliamente conocidos a día de hoy. Es utilizada por deportista de alto nivel, con miles de estudios científicos que documenta la curación de multitud de enfermedades. Las investigaciones más destacadas fueron iniciadas por René Quintón, un revolucionario ya en el S.XIX.
Tal era su importancia que llegaron a crearse bancos de agua de mar en casi todos los países del mundo durante el pasado siglo, y a utilizarse incluso en la seguridad social Francesa hasta 1986, donde el agua de mar isotónica fué reemplaza por sueros patentables de menor efectividad.
La sal marina real, obtenida únicamente por evaporación natural, está compuesta por los minerales presentes en el agua de mar. Al evaporarse el mar de forma natural, conserva esa misma proporción mineral, una proporción que, al igual que el agua de mar, coincide con la de nuestra sangre. Es especialmente rica en magnesio y contiene minerales esenciales como selenio, zinc, entre otros.
La sal real es clave para nuestro organismo y para la salud a largo plazo, ya que aporta minerales y oligoelementos en la proporción más adecuada y de la forma más biodisponible posible. Esto contribuye a que nuestra biología funcione con su máximo potencial y energía, pueda regenerarse, restaurar cualquier carencia, fortalecer el sistema inmune e incluso combatir diversos patógenos.
Importancia, etimología
Era tal la importacia de la sal desde el principio de nuestra historia, que era la moneda de cambio en todo el mundo. Los soldados del imperio romano recibían sal como su retribución (salarium) del trabajo y de ahí ha viene la palabra que utilizamos hoy en día como salario.
Era tan cotizada porque con apenas una bolsa de sal podías sobrevivir por días, curar enfermedades varias, desinfectar heridas y conservar alimentos entre otros usos.
Ha pasado de ser un bien fundamental en nuestra vida y biología, a ser recomendado evitar por el sistema médico actual, dirigido por los títeres de Bill Gates mediante su mafia corrupta de la mal llamada OMS, cuya Fundación Bill y Melinda Gates es el principal financiador y cuyo director, puesto a dedo desde 2017, Tedros Adhanom, la continua dirigiendo, fiel a sus intereses muy lejos de la búsqueda del bien común.

Foto: Tedros Adhanom (izquierda) Director General de la OMS y Bill Gates (derecha), consumidor de Epstein, pedófilo, originador de enfermedades como Alfa-Gal y responsable de esteriliaciones masivas mediante inyecciones en masa en África, como en 2014 a través de la vacuna del Tétanos, donde la Asociación de Médicos Católicos de Kenia acusó a la OMS y a la Fundación Gates de incluir antígenos HCG en vacunas de tétanos para esterilizar a millones de mujeres sin su consentimiento, como parte de su dilatado curriculum.
La Marcha de la Sal
La protesta más célebre de Mahatma Gandhi fue la Marcha de la Sal, en 1930. El Imperio Británico había impuesto en la India un monopolio sobre la producción y venta de sal: un recurso que cualquier persona podía obtener libremente del mar quedó de golpe prohibido, obligando a la población a comprárselo al colonizador. Gandhi respondió organizando una caminata de más de 300 km hasta la costa, donde recogió un puñado de sal del mar como acto de desobediencia civil. Un gesto simple, pero de una carga simbólica enorme.
Y es que la sal siempre había sido eso: un recurso libre. Durante toda la historia humana, cualquiera podía obtenerla evaporando agua de mar. Era natural, accesible y esencial — tanto para conservar alimentos como para mantener el equilibrio mineral del cuerpo.

Control de un recurso esencial
La regulación actual
Lo que Gandhi denunció en la India colonial tendemos a verlo como algo del pasado, como una injusticia superada. Sin embargo el control sobre la sal no desapareció — cambió de forma y se hizo mucho más severo.
En España, el Real Decreto 1424/1983 obliga a que toda la sal destinada al consumo humano sea refinada, y tenga un contenido mínimo de cloruro sódico del 97%. En la práctica, esto significa que la sal marina natural — tal como se obtiene del mar, real y evaporada, con todos sus minerales — está excluida del mercado. Para cumplir la norma, debe pasar por procesos industriales de refinado que eliminan precisamente lo que la hace valiosa.
Lo retorcido de la Ley no termina aquí. A esa sal refinada destitnada al consumo humano se le pueden añadir aditivos químicos. El más habitual es el ferrocianuro de potasio (E-536), un antiapelmazante sintético que se añade para que los granos no se apelmacen. Su propio nombre lo delata: contiene cianuro en su estructura. En contacto con ácidos — incluido el ácido del estómago — puede liberar ácido cianhídrico, un gas altamente tóxico. El Parlamento Europeo lo ha debatido en varias ocasiones (E-004484/2011), y Reino Unido directamente lo prohibió en sal de mesa en el 2011.
El resultado final es llamativo: lo que durante milenios cualquier persona podía obtener libremente del mar — un producto natural, mineral y completo — hoy está obligado hasta convertirlo en otra cosa y usualmente con tóxicos añadidos. Se refina, se despoja de su riqueza mineral, se le añaden compuestos sintéticos perjudiciales, y se vende bajo el nombre de "sal".
Nuestra sal
Lo que buscamos en este post es dar el máximo conocimiento, e idealmente que cada uno sea consciente y pueda "fabricar" su propia sal marina, simplemente evaporando el agua de mar.
Como vivimos en un mundo cada vez más ajetreado, con el tiempo completo y en muchos casos lejos del océano limpio y sin población o fábricas cercanas, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo para acercar la sal real a quien no pueda obtenerla por sus propios medios.
Es por ello que aquí en nuestra web, ofrecemos sal marina 100 % real evaporada naturalmente, recogida y envasada a mano; sin ningún proceso industrial, obtenida de la zona de Reserva de Parque Natural del Océano Atlántico. Exactamente igual que durante toda nuestra existencia.
Elegimos contravenir la Ley 1424/1983 para no perder los beneficios de este maravilloso producto.
Además, para certificar la máxima garantía y calidad, cada producción es analizada y controlada:
- Analizada para verificar que está 100 % libre de metales pesados
- 100% Libre de microplásticos
Debido a ser perseguidos por el estado y en concreto por una denuncia administrativa en contra de nuestra Sal libre, natural y sin refinar; debemos indicar en la descripción de la misma, que se comercializa para uso externo, aunque se trata de sal marina natural obtenida mediante evaporación tradicional.
Puedes encontrarla aquí: Sal de Mar Real Evaporada SIN refinar NI adulterar
Como distinguir una buena sal:
1. Humedad
El magnesio es el tercer mineral más abundante del agua de mar y, por tanto, de cualquier sal marina obtenida por evaporación. Es un mineral higroscópico — capta la humedad del ambiente de forma natural. Una sal que conserve su magnesio tenderá a estar húmeda, porque absorbe constantemente la humedad del aire.
Ahora fíjate en cualquier sal del supermercado. Da igual lo que ponga en la etiqueta — "sal marina", "sal natural", "sal del Atlántico" — siempre están completamente secas. Incluso en invierno. Eso tiene una explicación: han sido refinadas, y en ese proceso se ha eliminado el magnesio.
Como anéctoda, aquí en Galicia, con su clima húmedo, esto se hace especialmente evidente. Una sal marina natural sin refinar durante el invierno no solo se humedece — se empapa, como si le hubieran tirado un vaso de agua encima. Es algo que cualquiera puede comprobar, y que no se ve en ninguna sal comercial.
No es un defecto. Es exactamente la virtud y comprobación de que el magnesio sigue ahí.
Y eso importa, porque el magnesio es uno de los minerales más esenciales para el cuerpo humano: interviene en más de 300 procesos fisiológicos clave para nuestra salud. Precisamente por eso, que la normativa obligue a eliminarlo de la sal dice mucho sobre lo que realmente se está regulando.
2. Sabor
El sabor al que estamos acostumbrados de la sal no tiene nada que ver con el mar. Y es lógico: la mayoría de lo que consumimos no es sal, sino cloruro sódico puro, como vimos en el primer punto.
La sal de mar evaporada sin refinar sabe a mar. Literalmente. Es como tener un trozo de océano en la boca — complejo, mineral, vivo. Nada que ver con el sabor plano, agresivo y que provoca sed del NaCl puro.
Además de todas la propiedades para la salud, la sal real realza enormemente el sabor de los alimentos, tanto en la cocina como añadida después.
Y más allá del paladar, se nota de otra forma: alimenta. Sienta bien. No da sed, sacia. El cuerpo la reconoce, lo nutre. Una experiencia completamente opuesta a la del cloruro sódico.
3. Coadyugantes antiapelmazantes
La sal evaporada sin refinar se apelmaza. Se llena de humedad. Para evitar la humedad se refina eliminando el magnesio, pero para evitar que se apelmace la sal industrial contiene además sustancias químicas o aluminio en polvo.
4. Otras sales: Sal del Himalaya
Otro ejemplo claro de cómo el nombre lo es todo. La llamada "sal del Himalaya" no viene del Himalaya — se extrae de las minas de Khewra, región de Punjab en Pakistán, a cientos de kilómetros de esa cordillera. El nombre lo inventó un comerciante alemán en los años 90 para venderla mejor en Europa. Y funcionó.
Pero más allá del engaño geográfico, el problema de fondo es su composición: entre el 96% y el 99% es cloruro sódico puro, prácticamente idéntica a la sal de mesa refinada que supuestamente debería reemplazar. Más preocupante, al ser de minería contiene metales pesados que le dan esos colores llamativos, como plomo, arsénico, mercurio, cadmio, cromo etc.
A diferencia de la sal marina, que es el resultado de evaporar agua de mar con toda su riqueza mineral, esta sal viene de una mina de roca. No tiene ninguna relación con la composición del océano ni, por tanto, con la biología humana.
Es, en resumen, cloruro sódico de mina, con metales pesados, vendido a precio de producto de lujo.

Imagen superior: Explotación minera de sal en Khewra (Pakistán), principal origen de la denominada "sal del Himalaya".
Como usar la sal
Uso normal de cocina
Problema mundo moderno
Problema actual. El agua destilada o con flúor: A lo largo de nuestra historia cuando nuestro cuerpo tenía sed, del agua que bebía siempre estaba cargada de minerales. En la naturaleza todo el agua que teneiamos al alcance era con alta cantidad de minerales. hoy en dia el agua comercializada embotellada es practicamente destilada (nuestra sangre tiene 9000 mg/l y la mayoría de aguas embotelladas menos de 35 mg/l). Cuando tenemos sed nuestro cuerpo quiere sales minerales, y por ello cuando le damos agua practicamente desmineralizada no nos sacia, en cambio si bebemos agua normal con un 10% de agua de mar o agregando sal marina real nos sacia enseguida y nos sentimos mucho mejor.

